LA OBESIDAD DE LOS ADULTOS
EMPIEZA EN LA NIÑEZ
La función del pediatra no se circunscribe únicamente
a velar por la salud integral de los niños, sino que va mucho más
lejos, ya que bastante de lo que hagamos o dejemos de hacer durante esta
etapa va a afectar tanto la calidad como la cantidad de vida del adulto.
Un ejemplo de ello es la obesidad. Se sabe con certeza
que la obesidad en el adulto es un factor de riesgo bien conocido que
favorece la presencia de enfermedad coronaria, una de las principales
causas de muerte en nuestro país, y cada vez tenemos más
evidencia que nos señala que la obesidad del adulto se inicia durante
la niñez.
Existen una serie de prácticas bien identificadas
en la alimentación de los niños que predisponen a la obesidad
tardía, las cuales pueden agruparse en tres áreas:
- En el proceso del destete: La introducción tardía de
alimentos enteros provoca una masticación inadecuada; el uso
prolongado del biberón retarda el proceso de maduración;
el fracaso para organizar los tiempos de alimentación y refrigerios,
que dan como resultado niños que comen constantemente, favorece
la presencia de hábitos inadecuados.
- En el abordaje psicológico del alimento: El uso de los alimentos
como premio o castigo; la manipulación que realiza el niño
a través de los alimentos con la tolerancia de los adultos; la
introducción de modas en la alimentación de los niños.
- En el contenido de la dieta: Estimular el uso de golosinas; el rechazo
a usar alimentos enteros; el no utilizar frutas y verduras en la dieta;
estimular el gusto por los alimentos fritos.
Estos son sólo algunos ejemplos de cómo
podemos favorecer la obesidad en el adulto con prácticas inadecuadas
durante la niñez en el área de la alimentación, pero
paralelo a esto tenemos que considerar además el ejercicio físico.
El hábito de realizar ejercicio físico
regularmente se adquiere durante la niñez, y debemos hacer un esfuerzo
para estimularlo apropiadamente, para lo cual es necesario coordinar las
acciones en la escuela y en la casa, lo que implica luchar contra un enemigo
muy poderoso: la pantalla de la televisión.
Se conoce que el sobrepeso en el adolescente persiste
en el adulto joven, e influye en factores de riesgo múltiples para
la enfermedad coronaria. La obesidad se acompaña de hipertensión
y de alteraciones en el colesterol.
Sin embargo, no todo son malas noticias. El incremento
de frutas y vegetales en la dieta de los niños, disminuye los factores
de riesgo en el adulto, y la intervención dietética en los
padres de niños preescolares, educándolos adecuadamente,
es altamente efectiva.
Asimismo, en un estudio reciente realizado en Carolina
del Norte, se logró demostrar la utilidad de los programas educativos
en niños escolares de tercer y cuarto grado. En efecto, al introducir
8 semanas de educación, con clases 2 veces por semana sobre la
importancia de la dieta para mantener un corazón sano, la necesidad
del ejercicio físico, y los peligros del fumado, acompañadas
de actividad física recreativa, aeróbica, no competitiva,
3 veces por semana, se pudieron mejorar los conocimientos y los hábitos
de los niños, en una etapa fundamental de su desarrollo.
Las conclusiones son muy claras, los hábitos del
adulto se forman durante la niñez, y la salud del adulto dependerá
en buena parte de lo que hicimos o no hicimos durante esa etapa. La tarea
nos corresponde realizarla a los padres, educadores y profesionales de
la salud.