OTITIS EXTERNA
Voy a referirme a un padecimiento que el especialista en
oídos, nariz y garganta atiende con frecuencia durante la temporada
de vacaciones de verano. Me refiero a la infección externa del
oído o también conocida como otitis externa aguda causada
después de haber nadado. El paciente cursa con un cuadro que generalmente
inicia con un viaje a la playa o la práctica del deporte preferido
del verano: la natación. Un par de días después de
nadar viene el problema. El dolor de oído llega a ser tan fuerte
e incapacitante para el enfermo, que las vacaciones deben ser canceladas
al presentarse esta enfermedad.
Muchos atribuyen su problema a que el agua del mar estaba contaminada
o que la alberca estaba sucia. Lo que no siempre es cierto, ya que desconocen
que la enfermedad poco tuvo que ver con la calidad del agua a que se expusieron,
mas bien se les presentó por una sencilla razón: acumulación
de cerumen en sus conductos auditivos.
Pero, ¿qué es el cerumen?. También llamado comúnmente
cera o cerilla, es una sustancia normal que produce nuestro oído,
en la entrada del conducto auditivo y que sirve para protegerlo. Su protección
es física y química. Física porque debido a su consistencia
viscosa atrapa las partículas volátiles que puedan introducirse
al conducto auditivo y con ello inmovilizarlas. Química por su
pH ácido que mata cualquier bacteria o virus que se ponga en contacto
con el cerumen.
Hay que precisar que el cerumen es producido por glándulas ceruminosas
que solamente se encuentran en el introito del conducto, apenas unos milímetros
de su entrada, nunca en su parte mas interna. El problema es que si la
persona acostumbra tratar de limpiarse sus oídos con cotonetes,
aplicadores, o cualquier otro objeto extraño: su dedo, un pasador,
una llave, etc., entonces como consecuencia el cerumen se acumula en su
interior, haciendo las veces de un tapón en el oído.
La persona que tiene acumulación de cerumen llega a notar diversos
síntomas: comezón en sus oídos, hipoacusia o disminución
de la agudeza auditiva, acúfenos o zumbidos de oídos, dolor
de cabeza, mareo o ligera pérdida del equilibrio (esto sucede cuando
el cerumen alcanza a tocar la membrana timpánica), desde luego
una sensación de cuerpo extraño en su oído y ocasionalmente
dolor. Al bañarse sienten que les quedó agua dentro de sus
oídos.

Si la forma del conducto es como un embudo, imaginemos un barquillo al
que le ponemos nieve. Podremos ir lamiendo la nieve, empujando una parte
y comiéndonos otra, ¿qué sucede cuando la lengua
no alcanza a consumir la nieve que entra hasta la parte obtusa del barquillo?.
Solo comiéndonos el barquillo vamos a poder sacar la nieve. Igual
sucede con el cerumen, al tratar de limpiar el oído con cualquier
objeto extraño, sacamos una parte, pero otra la empujamos y vamos
haciendo que se acumule en el interior. La diferencia es que no podemos
comernos ni destruir el conducto para limpiarlo.
Al entrar a nadar, el cerumen acumulado en el conducto se llena de agua.
Como es hidrópico, se comporta como esponja. Entonces el agua ya
no sale, se queda impregnada en el tapón humedeciendo la piel.
La piel comienza a ajarse, por la humedad permanente que le proporciona
el tapón de cerumen mojado. La piel se abre y las bacterias que
normalmente se encuentran en ella, que en situaciones normales no causarían
ningún problema, como el estafilococo epidérmidis, aprovechan
la situación de la herida microscópica y se vuelven patógenas
oportunistas, penetrando y causando la infección de la piel que
recubre al oído.
Es importante establecer que la piel del oído es muy delgada. No
tiene músculos, grasa ni otros tejidos que le sirvan de protección,
se encuentra adosada al hueso. La razón es simple: aumenta su sensibilidad,
haciéndola exquisita y delicada, evitando que sea fácil
dañarse uno mismo. Pero una infección obliga al paciente
a postrarse por el intenso dolor, dificulta los movimientos de masticación,
le causa inflamación de su oreja, le disminuye su audición
y las mas de las veces tiene también secreción tipo purulenta
de su oído.
Una vez que se ha presentado la infección, enfrentamos un padecimiento
que tiene una duración aproximada de 21 días en su evolución
normal. Para acortarla, se hace necesario atención médica
por especialista, ya que el tratamiento formal incluye aseo a fondo de
la zona afectada, que solo puede realizarlo un experto con los instrumentos
adecuados, administración de antimicrobianos sistémicos
y locales, analgésicos, antiinflamatorios así como cuidados
por varios días.
La pregunta obligada es ¿cómo evitar esto, cómo prevenirlo?.
Lo mejor es la precaución. Primero que nada mantener su oído
limpio, pero sin picarse ni meterse nada en el oído, solo manteniéndolo
aseado de forma cotidiana. El cerumen está compuesto por ácidos
grasos, susceptibles de disolverse con jabón. Al bañarse
diariamente, permitir que entre al interior del oído espuma del
jabón o champú que utilice para lavar su pelo. Tomarlo en
el hueco de la palma de su mano y meterlo al oído, para que lave
y disuelva el cerumen. Luego, bajo la regadera, halarse la oreja o el
pabellón auricular de tal forma que facilite la entrada del agua
y lo enjuague bien, retirando el cerumen y la espuma del jabón
que usamos para el aseo diario.
No debe quedar humedad en el oído. Cuando lo estamos aseando y
sentimos que sigue húmedo o que tenemos agua en su interior, lo
mas seguro es que sea por acumulación de cerumen, en ese caso,
volver a lavarlo con agua y jabón para asegurarse que quedó
limpio. Al terminar de bañarse, secarlo adecuadamente, usando una
toalla delgada envolviendo la punta de su dedo meñique para secarlo
por completo. Esa limpieza, realizada en forma cotidiana, nos asegura
unas vacaciones felices. Porque estando el oído limpio, no estaremos
en peligro de adquirir infecciones al nadar.
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