Cualquier cirugía o tratamiento quirúrgico
es una agresión para el paciente. No importa la razón médica
que obligue a proponer la intervención. Al enfermo le parecerá
un tratamiento agresivo.
En el estricto sentido físico podemos afirmar que sí se
trata de procedimientos violentos. Porque cualquier operación obligará
a realizar heridas, abordajes o lesiones quirúrgicas que aunque
tengan un propósito benéfico o indicación terapéutica,
no podrán pasar desapercibidas para el paciente o quien revise
la zona afectada.
El caso de las amígdalas también entra en este supuesto.
Trátese de pacientes adultos o niños, cuando la indicación
es realizar el procedimiento quirúrgico de extirpación del
tejido amigdalino, al momento de la explicación, por más
amable que se realice, el paciente lo recibirá como una medida
drástica.
Pero, ¿cuáles son las razones que obligan al médico
especialista en oídos, nariz y garganta a tomar el camino del quirófano
para resolver una enfermedad de las anginas?.
Podemos afirmar que son diversos factores los que influyen en esa decisión.
Por ejemplo la frecuencia de la presentación de los cuadros amigdalinos.
Si el paciente se enferma muy seguido, digamos cada dos o tres meses,
haciendo que durante un año tenga entre cuatro y seis recaidas,
puede hacerse necesario operarse para controlar el problema.
En casos que afortunadamente no son muy frecuentes, el enfermo tiene complicaciones
de tipo general con riesgos a otras regiones del organismo del paciente.
Por ejemplo alteraciones como fiebre reumática, cardiopatía
reumática o glomerulonefritis renal.
En el primer caso, el paciente tiene problemas con sus articulaciones
mayores y menores, llegando incluso a causarle incapacidad para sus movimientos
o desplazamientos articulares, con lo que obliga a la extirpación
para evitar las recaidas o enfermedades causadas por estreptococo beta
hemolítico, que es la bacteria origen de estos problemas.
En el segundo caso es una complicación que afecta al corazón
y lesiona las válvulas cardiacas, pudiendo poner en peligro la
vida del paciente. Y en el último caso el daño es en el
riñón, limitando al paciente por problemas serios del órgano.
Todo lo anterior se debe más que a la infección de las amígdalas
a una enfermedad autoinmune causada por la bacteria que mencionamos antes,
el estreptococo beta hemolítico.
Refiriéndonos a la intensidad, hablamos de cómo se enferma
un paciente. Hay cuadros amigdalinos que se consideran agudos, pero son
pasajeros o simples, causados por virus o bacterias comunes. Serán
controlados en corto tiempo con tratamiento médico y algunos cuidados
físicos.
Pero aquellos casos en que la infección de las anginas provoca
un abseso, o sea una colección de pus dentro de la amígdala
o alrededor de la faringe o el cuello (abseso retrofaríngeo o cervical)
y ponen en riesgo la vida del enfermo, porque puedan comprimir la vía
respiratoria. El primer paso es realizar una terapia muy formal de tipo
bactericida, las más de las veces intrahospitalariamente. Cuando
el enfermo ha mejorado y una vez enfriado el proceso activo, o sea, controlada
la infección, se pasa a la extirpación expedita del tejido
linfoideo.
Un problema aparentemente sencillo pero muy molesto para muchas personas
es la
halitosis, o sea, mal aliento. Algunas
veces tiene su origen en las críptas amigdalinas.
Otras complicaciones de estos cuadros amigdalinos es la afección
de los oídos, las sinusitis, las laringitis y los cuadros bronquiales.
En todos estos casos el tratamiento inicial es controlar la infección
primaria en su fase aguda y luego controlar el problema crónico.
Se indica la cirugía de amígdalas cuando el paciente tiene
problemas respiratorias por su tamaño, que se ha hipertrofiado
o cuando le generan dificultad para ingerir sus alimentos.
En los niños de la primera infancia es bastante común que
al mismo tiempo que las anginas, se les inflamen sus adenoides. Consecuentemente
el pacientito no puede respirar bien, tiene que hacerlo por la boca. Con
frecuencia lo encontramos mocoso. Su voz es nasal, algunos lo catalogan
como gangoso. Siempre hace ruido al respirar. Pero si está dormido
siempre ronca y está con la boca abierta. La mamá nos referirá
que moja la almohada.
El niño puede agravarse porque cursa con otitis media serosa. Su
trompa de Eustaquio, como se denomina a la comunicación entre los
oídos y la nariz se bloquea, entonces se acumula el moco en su
caja timpánica y dicen los papás que les sale moco o pus
por sus oídos aparte de que no escuchan bien. Normalmente esta
trompa tiene la función de igualar las presiones atmosférica
o externa y la interna de los oídos.
Aquí se hace necesario la extirpación de adenoides y amígdalas
así como la aplicación de tubos de ventilación para
que sus oídos, su voz y su respiración mejoren.
Así que cuando la propia lógica de los padres señala
la necesidad de una conducta médica más agresiva, puede
ser menos difícil para el doctor indicar la cirugía, que
dicho sea de paso, es por lo general una operación bastante segura,
breve y no requiere hospitalización. Su postoperatorio también
es por lo general breve y sin tantas molestias.
Igual que siempre, lo recomendable es practicar medicina preventiva. No
dejar sin tratarse y sin los cuidados iniciales los cuadros catarrales,
los primeros síntomas del paciente, para que no tenga complicaciones
futuras.